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Es un error importante confundir tristeza con depresión


Confundirlos no solo permite el avance de una enfermedad en un determinado individuo, sino que también favorece el estigma y la discriminación contra las personas que la padecen, acusándolos de débiles de carácter o de personalidad frágil.




La tristeza y la depresión son dos estados afectivos que a veces se confunden, pero que tienen diferencias muy importantes que deben ser tomadas en cuenta para evitar dañarnos a nosotros mismos o a nuestros seres queridos.


Antes de aclarar la diferencia de estas dos experiencias humanas, debemos establecer la diferencia entre emoción y humor. Las emociones son estados afectivos de relativa corta duración, de intensidad variable y que suelen ser desencadenados por estímulos inmediatos, como por ejemplo cuando nos molestamos al ver que cogen algún objeto que nos pertenece sin permiso, o cuando reímos ante una situación graciosa. Por supuesto, los estímulos pueden ser externos como los de los ejemplos mencionados o internos como cuándo recordamos algo que desencadena una emoción de alegría, cólera o tristeza.


Por otro lado, el humor no es una reacción inmediata a un estímulo, por el contrario no suele detectarse un estímulo que lo desencadene. Nos pasa cuando estamos de “mal humor” sin tener un motivo aparente, es cuando decimos “hoy me he levantado con el pie izquierdo”. En estas situaciones, puedo escuchar un chiste y no me río igual que en otros días o incluso no le veo siquiera alguna gracia y este estado lo presento de manera más o menos persistente.


Establecida la diferencia entre emociones y humor, podemos diferenciar mejor la tristeza de la depresión. La tristeza es una reacción inmediata ante una pérdida o ante el estímulo interno del recuerdo de algo perdido, pero ante un estímulo al fin. En cambio la depresión (ya como síntoma) es una respuesta afectiva perteneciente al campo del humor. La persona con depresión no necesita un estímulo inmediato, se encuentra con el “humor depresivo” gran parte del día o incluso varios días.


Así, la tristeza es una reacción natural ante una pérdida, un fracaso, un problema o una decepción. Es una emoción pasajera que suele durar unos minutos y si se presenta durante varios días o semanas suele ser intermitente, es decir, en unos momentos estamos tristes y luego podemos reír de un chiste o sentirnos alegres por la visita de un amigo para luego más tarde volver a estar triste si recuerdo nuevamente la pérdida que desencadenó inicialmente mi tristeza. Además, la tristeza se puede aliviar con el apoyo de los seres queridos, a través del consuelo o luego, gracias a las actividades placenteras o el sentido del humor. La depresión, en cambio afecta todo el estado de ánimo, al pensamiento y al comportamiento de la persona. Es un estado más persistente y no tiene la intermitencia de la tristeza normal. Si estás pasando por un momento difícil y puedes decir “río, pero la tristeza la llevo por dentro”, estás triste, a lo sumo es un periodo de tiempo conocido como “duelo”; pero no estás deprimido.


La depresión aparte de ser un síntoma que puede durar un solo día o muy pocos días y no conllevar mayores consecuencias, en otros casos puede durar más de dos semanas y configurar ya no sólo un síntoma sino un trastorno que se caracteriza por el estado depresivo persistente, acompañado de falta de interés por la vida, sentimientos de culpa o inutilidad, dificultad para concentrarse o tomar decisiones, alteraciones del sueño y del apetito, cansancio crónico y pensamientos suicidas. Punto especial: un síntoma común que nos ayuda a detectar la depresión es la pérdida de la experiencia de lo placentero, “todo lo que me gustaba como que ha dejado de gustarme”, eso es lo que se conoce como anhedonia.


La depresión, ya como un trastorno del humor (de alguna manera, una enfermedad psiquiátrica) no se puede superar solo con voluntad o ánimo o solo un consuelo, ni mucho menos intentando “ser fuerte”; requiere de un tratamiento profesional que puede incluir psicoterapia y medicación antidepresiva en los casos más severos.


La tristeza y la depresión son dos experiencias humanas que no hay que negar ni ocultar; hay que reconocerlas, expresarlas y diferenciarlas adecuadamente para poder afrontarlas y superarlas. La tristeza es normal y saludable; forma parte del proceso de duelo y adaptación ante las dificultades de la vida. La depresión es anormal y perjudicial; altera el funcionamiento normal de la persona y requiere ayuda especializada para recuperar el bienestar.


Ahora que ya sabes la diferencia, si ves a algún ser querido en el que sospechas la depresión, recomiéndale ayuda profesional. La depresión es una de las enfermedades más discapacitantes que existen, no la dejes avanzar.

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